Letras en Verde BAHÍA BLANCA, ARGENTINA/ La memoria es de los pocos tesoros que le quedan al ser humano cuando pasan los años. En nuestro cuento de hoy les traemos otra historia de Graciela Beatriz D'amico, un cuento de pasado, de historia, de ayer... Recuerdos de recuerdos Cuando mi mamá era chica vivía en el campo de su papá, con su mamá y sus dos hermanos varones y una hermana. Te estoy hablando de casi setenta años, hacete una composición de lugar en cuanto a precariedad y falta de tecnología…
Las compras Para ese entonces iban muy poco al pueblo, las pocas leguas eran mucha distancia. Entonces, cuenta mi mamá que pasaban por el campo toda clase de vendedores ambulantes con artículos de las más variadas clases y a veces de muy dudosa utilidad. Igual, ella recuerda una muñeca que le compraron. Otra costumbre de los vendedores ambulantes era quedarse en nuestros campos si ocurría mal tiempo, todo lo necesario hasta que mejorara y por supuesto había que atenderlos. Más de vendedores Una vez a mi abuela, cansada de la presencia del "Teca" que se dedicaba a arreglar máquinas de coser y que hacía cinco días que estaba en el campo de mi abuelo, por la incesante lluvia, se le ocurre decirle que los peones habían podido pasar por el arroyo esa mañana. De manera que el Teca se alista para partir y cuando se dispone a cruzar el arroyo, la correntada lo lleva con carro y todo, por suerte lo pudieron salvar los peones, del carro ni noticias. ¡Qué ocurrencia mi abuela, tesora mía! De sustos También cuenta, que cuando había tormenta eléctrica con grandes ruidos de rayos y truenos, ella y sus hermanos se tapaban con las frazadas aún cuando fuera verano y la pasaban ahí acalorados asegurándose que no los alcanzara un rayo (jajaja!) En otra oportunidad, su hermano mayor, Juan Carlos, cortaba leña para la cocina con un hacha. Mi mamá estaba tan cerca de él, que le pegó un leño que saltó y ella se desmayó. Su hermano se asustó muchísimo y la atendía pidiéndole que no dijera nada a los padres que estaban adentro… Más y más Un día, mi abuelo se peleó con su hijo mayor y éste ensillaba el caballo para irse, y la mandaba a mi mamá que tenía 6 años a buscarle las alpargatas. Ella lloraba, la abuela decía conociéndolo, no se va a ir. Y finalmente no se fue. Y así hay un montón más de recuerdos que iremos hilvanando en otros cuentos como la vez que se oscureció el día en Pringles y el tío de mi mamá que trabajaba en la municipalidad la llevó ahí para tenerla segura hasta que pasara la hecatombe. Espero haberte transportado en el tiempo, fue mi deseo que soñaras en el pasado. |