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BAHÍA BLANCA, ARGENTINA/ Desde hace varios meses nos acompaña en HolaVerde Graciela Beatriz D´amico, autora nacida en argentina y quien durante mucho tiempo tuvo sus letras para sí misma. Ahora, en este espacio las comparte abiertamente, para que cada quien disfrute de unas cálidas palabras llenas de recuerdos y descripciones deliciosas. El cuento de esta semana no podía ser la excepción y nos trae a la memoria un asado de domingo con quienes más amamos. EL ASADOR -Hola, ah, sí ¿qué haces? Todo bien. ¿A comer?, esperá que pregunto... -Dice el Negro si queremos ir a comer un cordero. Todas las cabezas asienten al unísono. Retomo el teléfono y comunico la afirmación. Listo. Gran festín en puerta. El domingo, cordero. Pero no un simple cordero, sino el cordero del Negro...
La torta El domingo a la mañana tomamos mate, nos vamos bañando y cambiando y también pensando qué vamos a llevar al almuerzo como atención. Bueno, estamos todos casi listos pero vamos administrando el tiempo no sea cosa de llegar antes como desesperados o demasiado tarde como indiferentes. Si pasamos a comprar el postre llegamos bien. Hacemos un repaso mental de qué negocio puede estar abierto. Y emperifollados y perfumados, salimos contentos. Primero pasamos por una panadería que no conforma y seguimos con la búsqueda. Encontramos otro lugar y bajamos a elegir la torta que vamos a comprar. Una es muy chica, la otra demasiado empalagosa, una tercera demasiado alta. Al fin aparece la adecuada que, envuelta entre fajas de cartón, viene con nosotros. El arrivo Llegamos a la casa del Negro a la hora que nos pareció es la más adecuada. Desfilamos todos hasta el quincho y al entrar a éste, el aire está saturado de un rico olor a leña ardiendo. El dueño de casa luce un lindo delantal negro que compró en Ushuaia, al sur del país. Hace rato que está dedicado a la preparación del cordero y ya luce cocido de un lado. Antes tuvo que ensartarlo en el asador de manera que pueda cocinarse en forma casi vertical. Esto lleva su ciencia y su tiempo. Y todo ayuda al logro de un exquisito resultado final. La espera y el llamado Charla y algún aperitivo amenizan la espera. También va llegando alguno que otro invitado o los chicos que se levantan más tarde. Todo es besos y abrazos, y contar anécdotas y conversar de todo un poco. Los manteles están puestos y las ensaladas listas. La dueña de casa también está trabajando desde temprano. De pronto, el aviso: -¡A sentarse que está listo! A comer En cuestión de segundos todos en su sitio listos a degustar el mejor cordero que yo he probado. El cordero del Negro es un manjar, como siempre. ¡Aplauso para el asador! Se suceden los infiernillos con los trozos de cordero y al final casi lo liquidamos. Todos de acuerdo en lo rico que está. La sobremesa se prolongará con torta, café, charla, cuentos y risas. Y bien entrada la tarde regresaremos a casa repletos de comida y de satisfacción por el intercambio de cariño. ¡Qué lindo domingo...! |