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Cuento BAHÍA BLANCA, ARGENTINA/ En esta oportunidad les traemos un día llenos de pequeñas aventuras, de situaciones que parecen cotidianas, pero que muchos desconocen y que muchas viven a diario. Hoy les traemos un homenaje más a la mujer, a la madre, a todas esas personas que tienen un trabajo en casa, una labor que pasa desapercibida en estos tiempos, pero que sin nuestro personaje, serían un imposible. El siguiente relato parece un día común, pero que de común tiene más bien poco. Una mañana en casa...
Llego a la cocina con la buena intención de tomarme unos mates tranquila. Va a quedar en eso nomás...
Comienza la aventura Poco después, a los cinco minutos, cae el benjamín: - Hola Má, el inodoro no anda. - ¿Cómo no anda?... Y sí, no anda. Para obtener más información hay que ir hasta el mismo artefacto y revisarlo. Por esas crueldades del destino el enganche que se encuentra dentro de la mochila que permite vaciar la descarga, se ha soltado, y entonces, ya temprano, me entero del regalo que el nene me tenía preparado. Pobre angelito, no es su culpa. Haciendo acopio de valor, destapo la mochila y vacío el agua manualmente, cierro el paso de agua y me dispongo a la ingrata tarea de solucionar el pequeño inconveniente. El que inventó la mochila, parece que le hizo un agujero muy chico y es la misma tan angosta, que al necesitar meter los dos brazos dentro de ella, única forma de arreglar el enganche, quedo como trabada. Sí, sí, sí... ¡Así están las cosas y en ese momento crucial en que trato de volver a enganchar la porquería, suena el teléfono! El retoño me grita: - ¿Atiendo? - Sí. Por favor! Le contesto con vos distorsionada. - ¡Es la abuela, Má! Decido largar mi cometido, pues si no la atiendo volverá a llamar dos o tres veces. Mejor que me hable ahora. Me seco las manos y voy al teléfono. - ¡Hola gorda! Ah sí, sí lo vi. Bueno, no sé… Ahá... entiendo... … y así seguiré por media hora hasta que se termine el parte diario de noticias. Y cuando digo diario, es de manera literal. ¿En qué estaba? Conforme la gorda cuelga, yo vuelvo a mi no planeada tarea. Me lleva unos diez minutos de pruebas y malabares. Finalmente lo soluciono con un invisible doblándolo en varias partes. ¡Funciona! Grito para mí misma. Reconsidero. - ¿Qué pensaba hacer esta mañana? ¡Ah, sí! Poner el lavarropas. Listo. Fuertes golpes en la puerta me asustan, corro a ver y ya no hay nadie, mi cartero tiene esa costumbre y además del sobresalto por los golpes me deja la cuenta del teléfono. Gracias señor cartero. Vueltas en la cabeza Y ahora...¿Qué hago de comer? ¡Qué sé yo! Aunque todavía me queda tiempo para pensarlo. Se levanta la reina batata y me besa con dulzura y me pregunta sin espera: -¿Me tomás dentro de media hora? - ¿Qué? - Le respondo desorientada. - ¡Tributaria II!- Me Dice - Ah, sí, bueno (Pienso: Y sí, total está escrito y yo sé leer, dale nomás) Volviendo al tema comida. - ¿Qué tendré tiempo de hacer? Milanesas de pollo al horno con tomates y lechuga. Cortar y aderezar y listo. ¡Buena idea! -Hijo, ¿Me vas a comprar unas milanesas de pollo? Responde como siempre: - ¿Por qué yo? Y en ese preciso momento comienza un intercambio agotador de ofertas y contraofertas hasta que sale a hacerme el mandado. Bien, principio de soluciones. Esto no termina Al rato vuelve a sonar el teléfono. En esta oportunidad, es una señorita muy amable que me pregunta si leo el diario local. Yo le digo que por razones económicas no compro el diario. Ella, insistente, me hace otras preguntas y por último quiere saber si… -¿No consideraría la posibilidad de pagar 35 pesos mensuales para recibir el diario? Ay, Ay, ¿cómo me llamo yo? ¿Qué hora es? Mientras sigo tratando de darle forma a la desmañada mañana, se aparece la dueña del pedido con las carpetas… Y este es el fin de las tareas hogareñas. Menos mal que el chancho me fue a comprar las milanesas... |