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ROMA, ITALIA/ En noviembre de 2011, el Panel Intergubernamental
sobre el Cambio Climático (IPCC) lanzará un Informe Especial sobre la
gestión de riesgos de fenómenos extremos y desastres para la adaptación
temprana al cambio climático. Los bosques son tema principal de un informe en donde la preservación es la base fundamental.
El informe, que pretende convertirse en un recurso para que
los responsables de la toma de decisiones puedan gestionar de forma más eficaz
estos fenómenos, tiene el reto de involucrar a una sociedad que está muy lejos
de comprender la gravedad de los cambios en el clima planetario.
Encrucijada climática
Recientemente la Universidad de Manchester lanzó un estudio que puso en duda las estimaciones del Panel Climático del Reino Unido de reducir enormes cantidades de emisiones de gases de efecto invernadero para el 2016.
La Panel del Clima del Reino Unido aseguró que para ese año se lograrían disminuir las emisiones en un 3,5% en una representación anual. Pero el informe indica que esto no ocurrirá antes del 2020, año en el cual la mayoría de la población estaría más consciente acerca del tema.
El informe del Reino Unido fue considerado como uno de los más acertados y ambiciosos frente a la reducción de emisiones en países industrializados, pero los nuevos datos ponen en duda dichos resultados. El informe de la Universidad de Manchester arrojó datos en donde el 2020 sería una fecha en la cual la reducción anual sería tan sólo del 5% lo que aumenta cambios peligrosos en el ambiente en un 70%.
Una realidad
De la misma manera que cambia el clima, las condiciones de los bosques también aportan a los daños de los fenómenos extremos. Por ejemplo, la deforestación y la mala gestión pueden incrementar las inundaciones y los desprendimientos de tierras durante los ciclones. La degradación de los manglares pueden aumentar los daños provocados por las tormentas o los tsunamis.
Pero, existen también ejemplos en donde la preservación y manejo adecuado de los bosques son de gran importancia para mitigar los daños del clima extremo. Por ejemplo, observaciones realizadas en las islas Maldivas han demostrado que los bosques costeros son más resistentes a los impactos de un tsunami cuando permanecen inalterados y como bosques mixtos.
De otra parte, las dunas de arena, los manglares y los arrecifes de coral ayudan a reducir la energía de las olas de los tsunamis, al tiempo que retienen el suelo y ofrecen condiciones seguras para el desarrollo de la biodiversidad. Aunque los manglares maduros son bastante resistentes a los aumentos del nivel del agua, existen límites para esta capacidad de resistencia.
Soluciones plausibles
Acontecimientos como el tsunami del Océano Índico del 2004 que alcanzó a Indonesia, destruyó cerca de 49 000 hectáreas de bosques costeros, excluyendo los manglares, y daño en forma importante entre 300-750 hectáreas de manglares, serán más frecuentes.
Pero con una mejor gestión de los bosques costeros y los manglares, se podría haber reducido este tipo de consecuencias en forma significativa.
“Proyectos financiados por la Organización Internacional de las Maderas Tropicales (OIMT) para rehabilitar los manglares dañados por el tsunami en el delta del Ayeyarwady en Myanmar, en las provincias de Phang Nga y Ranong en el sur de Tailandia y en muchos otros países, ayudan a garantizar que en el futuro los fenómenos climáticos extremos y/o los tsunamis serán menos dañinos para las comunidades locales que el evento trágico ocurrido en 2004 en el Océano Índico," aseguró Emmanuel Ze Meka, Director Ejecutivo de la OIMT.
Lo que nos espera
El inminente aumento en la frecuencia y severidad de la presión de la sequía y el calor asociada al cambio climático pueden alterar de forma fundamental la composición y estructura de los bosques. Esto puede causar un incremento en la mortalidad de los árboles lo que se convierte en una seria preocupación, ya que los árboles caídos emiten también una gran cantidad de carbono a la atmósfera. Los árboles pasarían a ser una de las causas directas del cambio climático.
A todo esto se suma la disminución de la pluviosidad y las sequías más severas, como la que afecta en la actualidad al Cuerno de África, se espera que ejerzan una fuerte presión en la población africana que depende de los bosques para obtener alimentos, agua potable y cubrir otras de sus necesidades básicas.
"La planificación de la adaptación al cambio climático se ve frenada por la falta de información sobre los impactos actuales y futuros de este cambio", señaló Steve Makungwa, de la Red de investigación forestal en el África subsahariana (FORNESSA, por sus siglas en inglés), una iniciativa que ha trabajado con la Unión Internacional de Organizaciones de Investigación Forestal (IUFRO) en los efectos del cambio climático sobre los bosques africanos. "Hay una necesidad de proyecciones fiables a nivel regional, así como de sistemas de alerta temprana que requieren inversiones en investigación e infraestructuras para el seguimiento", explicó Makungwa.
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