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BRUSELAS, BÉLGICA/ La energía más barata es la que no se
consume, esto es un hecho y la Unión Europea lanza nueva Directiva para
alcanzar el objetivo de un 20 % de eficiencia energética para 2020.
De no producirse cambios significativos, la UE sólo
conseguirá llegar a la mitad de ese objetivo, amenazando la competitividad,
nuestra lucha en favor de la reducción de las emisiones de CO2 y nuestra
seguridad de abastecimiento.
Lejos, muy lejos
La ausencia de estrategias claras de consumo y ahorro de energía están significando considerables aumentos en las facturas de los ciudadanos. Con las empresas energéticas actuando como mafias que trabajan bajo el supuesto de amenaza y presión, están poniendo a los ciudadanos europeos contra la pared.
Lo peor de todo esto es que los gobiernos no toman acciones concretas para frenar los abusos. A comienzos de mayo, cuando en Alemania se aprobaba el desmonte nuclear, las empresas de energía aseguraron que para comienzos del verano la demanda de electricidad iba a estar amenazada por una baja producción. El gobierno de la Canciller Angela Merkel hizo silencio, de nuevo, frente a un tema que afecta a sus ciudadanos.
Por su parte, la Unión Europea parece ser una rueda suelta que legisla, genera estrategias de mitigación y consumo, y los Estados hacen caso omiso sin vergüenza ser criticados. Todo parece indicar que pesan los intereses económicos que los de la sociedad de la cual se lucran las empresas. Por un lado, los Estados se lucran con los jugosos pagos de impuestos y sin armas queda el consumidor que es dejado de lado sin importar su condición u opinión.
Sube y sube
Cada año llega a los hogares Europeos el lamentable anuncio que indica la futura y segura subida de los precios de la electricidad, los gobiernos nacionales y municipales parecen respaldar dicha acción con un silencio que ya es costumbre en Europa.
Mientras estas cartas llegan, las mismas empresas que especulan con los precios de la energía, aseguran que nunca antes se ha vendido energía a un precio tan económico. De igual manera confirman que informan permanentemente que la energía nuclear es la más económica, teoría secundada por la mayoría de países de la UE en dónde unos pocos han decidido saltar del vagón nuclear.
Hasta el momento Austria, Alemania, Suiza e Italia han tomado la decisión, por el momento firme, de no continua surtiendo a la población con la no muy económica y sí muy peligrosa energía nuclear. Para profundizar el tema, Polonia confirma sus intereses de subirse en el riesgoso vagón que parece no mostrar miedo alguno luego del actual accidente de Japón que está muy lejos de ser solucionado.
Una luz para Europa
Contra todos estos argumentos lucha la Comisión Europea, órgano que funciona como un vehículo al que todos miran pero pocos se quieren subir. Hoy 22 de junio la Comisión propuso una nueva serie de medidas en favor de una mayor eficiencia energética a fin de subsanar este problema y volver a encarrilar los esfuerzos de la Unión frente al tema.
Para ello propuso la creación de una directiva energética que presenta medidas dirigidas a intensificar los esfuerzos de los Estados miembros por un uso más eficiente de la energía en todos los eslabones de la cadena energética, desde la transformación de la energía y su distribución hasta su consumo final. Pero el sueño de tener energías sustentables se aleja cuando el giro hacia las energías renovables supone más retos, barreras y desencuentros que opciones reales para una Unión Europea 2020 energéticamente eficiente.
Para Günther Oettinger, Comisario europeo de Energía, “el propósito es aumentar la eficiencia de la manera en que usamos la energía en nuestra vida cotidiana y ayudar a los ciudadanos, los poderes públicos y la industria a gestionar mejor su consumo de energía, lo que debe traducirse también en facturas energéticas más bajas. También representa un importante potencial de nuevos puestos de trabajo en toda la UE.” Falta esperar que se dé una aplicación efectiva de la directiva, que parece que se perderá entre otras directivas ambientalmente amigables que son pasadas por alto frecuentemente por los Estados miembros de la UE.
Simples, aunque ambiciosas
La nueva directiva obliga a los Estados a crear acciones jurídicas capaces de crear sistemas de ahorro energético en todos los Estados miembros. En este sentido son los distribuidores de energía o las empresas minoristas de venta de energía las que estarán obligadas a ahorrar cada año un 1,5 % de sus ventas de energía, en volumen.
Esto sería posible mediante la aplicación de medidas de eficiencia energética tales como la mejora de la eficiencia de los sistemas de calefacción de los consumidores finales de energía mediante la instalación de ventanas con doble acristalamiento o de tejados aislantes.
Como alternativa, los Estados miembros podrán proponer otros mecanismos de ahorro de energía, por ejemplo, financiar programas o acuerdos voluntarios que arrojen los mismos resultados, pero que no se basen en obligaciones impuestas a las empresas energéticas. El problema radica en que los costos e inversiones que deben ser aplicados por las empresas son revertidos al consumidor en el ya conocido aumento de las facturas.
De otra parte
Para poner fin al problema de los precios altos y de la falta de eficiencia es claro que el sector público debe dar ejemplo, no sólo a los ciudadanos sino a los empresarios. Los entes públicos deberán impulsar la adopción de productos eficientes desde el punto de vista energético mediante la obligación jurídica de adquirir edificios, bienes y servicios eficientes energéticamente.
Esto abriría la opción para ciudades más verdes y una sociedad más sostenible, pero el problema sería pensar a qué costo. Toda nueva acción a favor del medio ambiente debe ser revisada por cada Estado de forma consciente y real para poder entrar en una era más amigable para el planeta, pasando por una revisión de estrategias para pasar a una inmediata aplicación de las mismas.
De igual manera el sector público tendrá que reducir gradualmente la energía que consumen en sus sedes mediante la realización cada año de obras de renovación que afecten como mínimo al 3 % de su superficie total.
Y el ciudadano…
El consumidor final, el ciudadano común, debe ser consciente del ahorro energético y darse cuenta que cada pequeño esfuerzo tendrá repercusiones en el futuro. Un acceso sencillo y gratuito a la información en tiempo real y al consumo de energía en el pasado mediante contadores individuales más precisos permitirá a los consumidores gestionar mejor su consumo de energía. La facturación debe basarse en el consumo real y reflejar correctamente los datos del contador.
La Industria recibiría incentivos para que las PYME procedan a auditorías energéticas y difusión de mejores prácticas, al tiempo que las grandes empresas tendrían que realizar auditorías de su consumo de energía para ayudarles a determinar sus posibilidades de reducir su consumo energético.
La sociedad tiene que comenzar a ver las repercusiones reales de acciones que no estén acordes con un consumo sostenible ya que el panorama planetario no es nada claro en casi todos los sectores de la vida.
Mejor energía
La eficiencia en la producción de energía necesita de un control de los niveles de eficiencia de las nuevas instalaciones de producción de energía, establecimiento de planes nacionales de calefacción y refrigeración como base para una planificación sólida de unas infraestructuras de calefacción y refrigeración eficientes, incluida la recuperación del calor residual.
La transmisión y distribución de la energía debe estar encaminada a realizar mejoras en la eficiencia gracias a la consideración de los criterios de eficiencia energética en las decisiones de las autoridades nacionales de regulación de la energía, especialmente al aprobar las tarifas de red.
Pero, los Estados deben actuar como garantes de la debida aplicación de estas estrategias y no sólo hacer de mediador o regulador de precios, en donde la economía de libre mercado debe dar un paso al lado para tener impactos reales y productivos en la sociedad.
Nueva ley
La nueva directiva obedece a los llamamientos del Consejo Europeo realizados el 4 de febrero de 2011 en favor de medidas de cara al objetivo de una reducción del 20 % de consumo de energía previsto de la UE para 2020, un objetivo que aún está muy lejos de ser cumplido.
El llamado hizo eco al ser emitido el 8 de marzo de 2011 un nuevo Plan de Eficiencia Energética en el que proponía una serie de medidas de eficiencia energética aplicables a todos los sectores económicos para conseguir más ahorros de energía.
La Directiva también prevé que la Comisión lleve a cabo en 2014 una evaluación de los progresos registrados de cara al objetivo de la UE de conseguir un 20 % de eficiencia energética para 2020 y, de resultar necesario, que presente una nueva propuesta legislativa que fije objetivos nacionales obligatorios en materia de eficiencia energética.
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