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Domingo 19 de Mayo de 2013

Los bosques de argán de Marruecos moldeados por el hombre Imprimir E-Mail
Ecología
escrito por HOLAVERDE.COM   
martes,, 03 de mayo de 2011

MARSELLA, FRANCIA/ Gracias al aceite de argán, los consumidores creen que contribuyen al desarrollo de las mujeres berebere del suroeste marroquí y a la protección de la naturaleza.

Pocos son los que saben que los bosques de argán cubren ellos solos más de 800,000 hectáreas y que están habitados.

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Pastoreo de árboles

Desde hace varias generaciones, los campesinos de la región moldean el “árbol de las cabras”, lo tallan, lo podan, lo alaban…: prácticas que contradicen la imagen “naturalista”, que nunca son mencionadas cuando se habla del argán. 

Recientes investigaciones han comprobado que el argán es realmente el fruto de varios siglos de domesticación. La implementación de un programa guiado permitió que se tomen en cuenta los conocimientos técnicos locales, principalmente, en lo que a procesos de gestión del bosque se refiere.

El estudio realizado por el Instituto Francés de Investigación y Desarrollo, IRD, aseguró que el argán marroquí es el fruto de la mano del hombre. Es un bosque es moldeado por sus habitantes desde hace varias generaciones. Pero la Argania presenta retos económicos en donde una mediatización de la planta puede llegar a superar las prácticas ancestrales.

Bosque domesticado

El equipo investigador pudo observar, diseminados en el bosque, restos de modificaciones del suelo como terrazas, regueros, nivelaciones. Los árboles de argán pues no se desarrollaron sobre terrenos vírgenes de todo trabajo humano.

El estudio explica que a menudo crecieron antes en antiguos campos cultivados, beneficiándose así de la adaptación del suelo disponible. Además de este pasado agrícola, se logró recoger una serie de conocimientos técnicos y técnicas de domesticación del árbol existentes.

Fueron seleccionados y cultivados retoños de los árboles para poder generar poblaciones del mismo, con éxito. Una vez adulto, el árbol de argán se corta, se poda, se talla, se enaltece. El árbol es modelado según su uso, existe un claro pastoreo de la planta y se emplea para la recolección de las nueces, seto de camino, madera de calefacción, etc.

Falso contexto

Entorno al Argán se han generado falsas impresiones y despreciado la mano ancestral del hombre dentro de su cultivo. El árbol es un excelente productor de aceite gracias a las nueces que éste produce por lo que se ha omitido la silenciosa acción positiva del hombre.

Entre las distintas técnicas que menciona, solamente se recalca la recolección de las frutas por las mujeres. Nunca se mencionan las prácticas agrícolas y arborícolas que modelan el árbol.

El Argán está previsto de virtudes cosméticas, terapéuticas y alimentarias, el argán se valora desde el principio de los años 2000, en particular, en Francia, Alemania, el Canadá, en los Estados Unidos y en el Japón, pero la forma en cómo es concebido se desconoce.

Marketing de árboles

El árbol construyó y mantuvo una imagen naturalista, y de esta manera llamó más la atención de los grandes compradores obedeciendo a planteamientos más éticos de cultivo. Para lograr este fin, las cooperativas de producción apostaron sobre el carácter endémico y la originalidad del árbol de argán.

De su nombre científico Argania spinosa, este último constituye una curiosidad botánica, como único representante de la familia de los Sapotáceos fuera de la zona tropical húmeda. Es también un verdadero “fósil vivo”, una especie-reliquia: el “árbol de las cabras” es el último descendente del rico bosque que reinaba en la región en la Era terciaria, cuando el clima era más húmedo.

Estas características confieren al árbol de argán una imagen de “don de la naturaleza” y la mujer berber, quien sola sabe extraer el aceite, sería la “guardiana de los secretos”. Para corresponder con esta imagen de Épinal y agradar a un mercado internacional, las operaciones de comercialización en torno al aceite de argán borraron la mano del hombre.

Un patrimonio cuestionado

Pero más que una simple negación de las prácticas locales, existe una estigmatización por parte de los habitantes. Frente a las normas, a las lógicas y a las leyes de la silvicultura convencional, se acusa a los pequeños agricultores de no saber administrar de manera duradera el bosque de argán.

Además de esta injusticia que se les hace, eso los excluye de los procesos de gestión de este bosque que constituye su patrimonio doméstico. Este cuidado se transfiere a expertos medioambientales, dotados con una conciencia ecológica conforme a los paradigmas del desarrollo sostenible. El bosque de argán se convierte entonces en un área protegida según las normas medioambientales internacionales y clasificadas por la UNESCO como “reserva de biosfera”.

Otra agresión al patrimonio de las poblaciones locales: se somete una gran parte de las casi 800.000 hectáreas de bosque, bajo dominio de los servicios del Estado, al código forestal marroquí.

Resultado positivo

Ahora bien, el bosque de argán se regula de manera duradera también gracias al agdal, un sistema de gestión usual resultante de una ley berber, basado en una restricción de acceso estacional o permanente y que considera cada familia como beneficiaria. Inclusive a veces, agentes forestales y habitantes llegan a situaciones de competencia de autoridad. Pero de vez en cuando, en lugar de llegar a la confrontación, estos últimos nuevamente se apropian de manera simbólica de su bosque, en particular, con ritos de sacralización de los límites colocados por los silvicultores.

Gracias a los trabajos realizados en el marco del programa POPULAR, los servicios del Estado tienen en cuenta en adelante el hecho de que el árbol de argán constituye un patrimonio doméstico para las poblaciones locales y reconoce sus conocimientos técnicos ancestrales.

Queda por observar si la imagen mediática del producto, frente a los desafíos económicos que representa el comercio del aceite de argán, no va a tener un impacto en las prácticas locales y, a largo plazo, provocar una naturalización efectiva del árbol.

 
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